Carmen Sánchez Sánchez-Mármol, encontró la forma de hacer real su inquietud espiritual en la Institución Teresiana cuando acudió como alumna a la Residencia Cedar Court (Surrey, Inglaterra), para estudiar inglés. La alegría y el entusiasmo que allí observó la empujaron a ser miembro de la Institución poco después ya en España. Pese a ser reacia a continuar estudiando, este nuevo rumbo en su vida fue el acicate que la animó a estudiar Filología Inglesa que terminó ejerciendo en el campo de la docencia.
En este ámbito ha realizado una importante labor en la implantación de una pedagogía de calidad que tras una larga trayectoria y una serie de sucesos ha dado lugar al “Movimiento acordeón”. En la actualidad, sigue en activo a través del Colegio Oficial de Docentes de Madrid (CDL) mediante diversas actividades. También ha coordinado junto a la profesora y catedrática de inglés Mª Luisa Ariza Brigidano, el libro El enfoque integrado en la educación (Narcea Ediciones), publicado recientemente.
Madrileña del barrio de Chamberí, Carmen Sánchez Sánchez-Mármol, ha sido profesora de inglés en el Instituto Veritas (Madrid) durante más de 40 años y Coordinadora del Departamento de inglés del mismo, alrededor de 20 años. En paralelo, se ha dedicado a la formación de docentes y al asesoramiento de centros educativos tanto de la Institución Teresiana como externos, y otros organismos tanto privados como públicos como el Ministerio de Educación. Aunque está jubilada sigue aportando al mundo de la educación a través de su colaboración con el CDL y otras actividades, porque “se lo siguen pidiendo”, afirma.
En esta entrevista nos habla no solo de su vocación espiritual sino de la profesional que ella ha aunado y ha materializado en un estilo de vida que define a los miembros de la Institución Teresiana.

¿Cómo conociste la Institución Teresiana?
Yo llegué a la IT por casualidad. Me había educado en un colegio religioso y al llegar a la adolescencia dije que no quería estudiar. Entonces mis padres me llevaron a la residencia Cedar Court en Surrey (Inglaterra) que era de la Institución, para aprender inglés. De este lugar me llamaron la atención varias cosas. Desde siempre había tenido una inquietud espiritual y entre los miembros que vivían allí en ese momento observé una gran ilusión. Había gente que se estaba preparando para ir a Filipinas, Japón, Estados Unidos…, donde se necesitaba gente que supiera inglés para dar clases.
Esas ganas de hacer algo en el sentido educacional junto a una religiosidad profunda y verdadera, me conmovieron. También la alegría con la que estaban preparándose para su futura misión.
Una vez en Madrid mantuve algunas amistades de la Institución y poco después tuve muy claro que quería ser miembro. No solo por la misión sino por entregar mi vida a algo que me llenara, que fuese evangélico y comprometido. Una vocación de compromiso serio, sólido y duradero. Yo pensé que esa era mi vocación también.
¿Qué has aprendido en el ejercicio de tu profesión?
Me puse a dar clases en el Instituto Veritas antes de terminar mi carrera de filología inglesa porque se necesitaba gente y he estado allí 40 años. A mí siempre me ha gustado formarme e innovar en las clases, porque si no me aburro. En el Instituto Veritas teníamos el proyecto de educación personalizada, muy riguroso e importante para la IT, porque poseía un sello institucional de Pedro Poveda muy fuerte, donde se recogía lo que él considera qué es la educación. El profesorado del centro lo vivía de lleno, es decir, que la educación es el educador y el educando en la interacción que se produce en el aula. El educador tiene que sacar lo mejor del educando y ayudarle a que progrese en su persona.
Esto a mí me parece importantísimo y en la educación personalizada se tiene muy en cuenta, porque se dirige a cada alumno. Algo fundamental en la concepción pedagógica de Pedro Poveda.

¿Cuándo te diste cuenta de la importancia de la formación permanente de los docentes y decidiste dedicarte a ello?
Cualquier educador, educadora o persona en general, debe evitar estancarse. En los cursos que daban en el colegio sobre educación personalizada se veía muy claro. Es una perspectiva de las cosas que yo aprendí allí y que me hizo avanzar mucho. De hecho, yo iba todos los veranos a hacer cursos de formación a Inglaterra.
Me gustaba dar clases y quería que fueran las mejores. Empecé a pensar cómo evitar que el inglés fuera una “María”, ya que en ese momento lo era. Acudí a cursos de formación del Instituto Británico (The British Council), tenía conexión con este y también desde esta entidad venían a mi clase a observarme. Posteriormente me llamaron para impartir sesiones allí. En ese sentido la IT aportó mucho, además de toda la visión de lo que es la educación y que a día de hoy continúa.
En esa época funcionaba el Instituto de Estudios Pedagógicos Somosaguas (IEPS) que creó la IT como centro de investigación educativa y de formación de educadores/as. Su directora en aquel momento, Arancha Aguado, pidió al Departamento de Inglés del Instituto Veritas que estuviera presente allí para trabajar, innovar, formar e investigar en esta materia. Y en paralelo el Colegio Oficial de Docentes de Madrid me pidió formar parte de su Seminario Didáctico Permanente en el área de inglés.
Luego me llamaron de otros sitios, de entidades privadas, del Ministerio de Educación… Vi por una serie de señales clarísimas que tenía que colaborar en la formación de docentes. Yo creo que es parte de mi vocación teresiana, que no es solo el aula sino que también consiste en difundir lo que la Institución Teresiana puede aportar en este sentido.
¿Qué aporta la Institución Teresiana en esta formación?
En la formación puede aportar mucho y no solo a quien profese una ideología sino a cualquier docente. Porque Pedro Poveda tenía ese sello de compromiso total con el catolicismo, pero no era cerrado, era algo que quería extender sin ocultar de dónde provenía y quién era. Él no se mantuvo en un solo lugar, quería llegar a cualquier sito. Era totalmente abierto porque tenía muy claro en qué consiste educar.
Pedro Poveda evangeliza desde la persona, no desde el dogmatismo que pueda existir en un centro determinado o en la Iglesia católica. Yo siempre hago referencia a una frase suya que define lo que es la educación para él:
“La educación es una doble operación en la que intervienen dos personas: el educador que conscientemente suscita, guía y favorece la expansión y el desarrollo de todo el ser del educando, y este que, siguiendo la pauta trazada por el educador, al expansionarse todo su ser, va perfeccionándose en fuerza de la repetición de estas operaciones”.
Ahí está todo lo que debes trabajar. Esto lo expandes y llega a una actualización e innovación pedagógica tremenda.
Cuando se decide implantar el bilingüismo en los centros educativos de la Comunidad de Madrid, ¿qué se hizo en el Instituto Veritas?
En el año 2007, se estableció que se iba a introducir el bilingüismo en los centros educativos de la Comunidad de Madrid, pero no se especificó cómo. Así que desde el Instituto Veritas presentamos un proyecto en el que aunábamos la enseñanza del inglés con otra materia: Naturales o Sociales. En el colegio ya teníamos implantada la metodología y sabíamos que funcionaba. La enviamos a la Comunidad de Madrid y el primer año admitieron a nuestro colegio como único centro concertado para implantarlo junto a otros colegios públicos de la región.
Con el tiempo se ha aprendido que para que este sistema funcione hay que hacer un trabajo conjunto de profesorado y equipo. Nosotros desarrollamos una tecnología integrada y hemos visto que el bilingüismo en los centros educativos no son solo las materias que se imparten en inglés, sino que a estas hay que añadirles las que se dan en otro idioma. Es decir, la metodología no puede ser diferente y por eso se debe aplicar la misma a todas las materias.

Ahora acabas de participar en un libro que tiene que ver con el “Movimiento acordeón”, ¿cómo ha sido este proceso?
Cuando existía el Centro de Somosaguas las profesoras de inglés creamos un grupo que se llamaba el “Equipo Pigmalión” en los años 80. Ese grupo buscaba intercambiar experiencias, ideas, avanzar en la enseñanza del inglés según los cambios y las corrientes, porque se ha cambiado mucho en su enseñanza desde que yo empecé a dar clases. Cuando Somosaguas desapareció continuamos en el CDL y con el tiempo empezamos a ver que todo lo que habíamos desarrollado era metodología pura, apta para cualquier materia, no solo para el inglés. Entonces, en el Colegio de Docentes surgió otro equipo al que se incorporaron profesores de otras materias, además de la de inglés, que se llamó “Hipatia”.
Después pensamos que debíamos hacer algo más, crear un movimiento más amplio. Nos dimos cuenta de que no debíamos quedarnos en grupos únicamente, teníamos que difundirlo. Descubrimos además que lo que nos caracterizaba era la coherencia, la integración de todos los elementos: desde los planteamientos generales a la actuación en el aula. Es por ello que alguien del equipo dijo que aquello era como un acordeón, y de ahí pasamos a hablar del “Movimiento acordeón”.
Decidimos que teníamos que reflejar todo esto en un libro y es así que me dirigí a Mónica González, directora de Narcea Ediciones. Ella nos animó mucho y después de un año y medio de trabajo publicamos El enfoque integrado en la educación. Un ejemplar donde queda muy bien reflejado este trabajo de tantos años, fruto de mucho pensamiento y reflexión.
En la obra se dan pautas, entre otras cosas, sobre los desafíos del docente, la disciplina, la motivación… ¿Por qué crees que esta última se está perdiendo?
Cuesta mucho la motivación en el docente. No la hay a priori. ¿Por qué me motivé yo? Por el ambiente, por lo que queríamos y porque teníamos una meta clara de cómo educar. Ahora, cada vez se están complicando más las cosas por el ambiente social.
Estamos viviendo algo que no podemos ignorar. Momentos muy difíciles, pero Pedro Poveda también los vivió y yo siempre me acuerdo de su época.
Si soy miembro de la Institución Teresiana no puedo decir que no se puede hacer nada porque “el momento es muy difícil”. Yo estoy en una Institución que surgió en una etapa complicada y creyó en la educación. Y yo creo en ella totalmente, pienso que si una persona tiene un proceso educativo bueno, podrá encontrar mejor su sentido y le ayudará a desarrollarse muchísimo como ser humano. No obstante, es lógico que en la actualidad las personas que se dedican a enseñar no estén motivadas.
Hay un exceso de trabajo burocrático que no aporta nada. Tampoco se cuida el bienestar emocional del profesorado y al final su entusiasmo se ve mermado. Se encuentran solos y es cierto que cada vez hay menos vocaciones en este campo. Por todo esto que estamos viviendo, hay que impulsar un movimiento y es muy importante que la Institución Teresiana se implique.
Info IT.
(Imagen del acordeón retocada con IA).





